22 Iaacov se acercó a su padre Itzjak, quien lo tocó y dijo: La voz es la voz de Iaacov, pero las manos son las manos de Esav. (Toldot 27)
El poder del pueblo de Israel esta en su boca, aquella boca llena de Torá y plegaria.
Es sabido que la alegría distiende los conductos celestiales, es por eso que cuando estamos con alegría, en un estado total de tranquilidad mental, sabiendo que estamos bajo el amparo divino, podemos hacer descender desde el cielo todas las bendiciones.
Nuestro intelecto sabe la verdad, entendiendo la grandeza de Hashem. Lo que sucede es, que hasta que la teoría llegue al corazón tiene que transitar un largo camino, pasando por el estrecho cuello, que impide su descendo.
Por eso Hashem nos dio la voz, que sale de la garganta, ubicada en el cuello, para que con ella podamos despertar el corazón, clamando si es necesario, para que la teoría no quede atascada en el “cuello”, y llegue a destino.
Cuando la persona estudia Torá, rezando con alegría, sabiendo que estamos cobijados al amparo del Eterno, distendemos conductos, haciendo que Hashem more entre nosotros en la tierra, bendiciéndonos, y cumpliendo el objetivo por el cual fuimos creados.